El Alzheimer ha tocado mi vida de maneras profundamente personales, a través de generaciones y relaciones.
Mientras crecíamos, teníamos un amigo cercano de la familia al que llamábamos cariñosamente Bob el vago (Sí, hay una historia ahí, ¡pregúntame alguna vez!). Era como un tío para mí: lleno de travesuras, noches de trivia y risas. A los veinte, lo vi pasar de su casa a una residencia asistida y, finalmente, a un centro de memoria. Lo visitaba a menudo, agradecido por el tiempo que pasábamos juntos. Pero a medida que la enfermedad avanzaba, Bob el Vago cambió. Ya no era la misma persona vibrante, y entendía lo frustrante que era para él. Fue desgarrador.
Años después, mi abuela comenzó su propio camino con el Alzheimer. Vivía más lejos, así que nuestro tiempo juntas fue limitado, pero significativo. Nunca olvidaré nuestra última visita. Mi hija tenía solo un año, y la llevé a tomar un helado. No recordaba mi nombre, pero sabía que era alguien a quien quería. Esa noche, mientras la ayudaba a prepararse para dormir, me miró y dijo: "Lo hice por ti. No deberías hacerlo por mí". Un momento de claridad que fue al mismo tiempo hermoso y doloroso.
Ahora, mi madre está empezando a transitar este camino. Es más difícil hablar de ello ahora mismo, pero la tristeza y la impotencia me resultan familiares. Esta enfermedad siga afectando a las personas que más quiero.
Camino para honrar a Bob el Vago, a mi abuela y a mi mamá. Camino por los momentos de claridad, los recuerdos que perduran y la esperanza de que algún día encontremos una cura.
1715
Hemos recaudado
2000
Nuestro Objetivo
Buscar miembros del equipo
Para encontrar un miembro del equipo, comience a escribir su nombre a continuación.